Benito Lertxundi. Segunda parte.
Hemos hablado de que este disco es fiel reflejo de tus directos, aunque falten esas dos canciones que mencionabas. De “Bizkaia maite” hemos comentado antes que estuvo a punto de no salir publicado. ¿Hay alguna otra canción que hayas estado a punto de no meter en un disco por lo que sea y luego haya sido un éxito.
No sé si me he encontrado alguna vez más en esa situación, no lo recuerdo. Ahora, lo que es muy probable es que con alguna canción, o más de una, ha pasado que igual no tenía mucha esperanza de que pudiera salir, que pudiera pegar, y sin embargo luego, contra mi sentimiento original, ocurre que igual tenía un éxito que no esperaba.
Hablemos de músicos que han trabajado contigo y que hayan fallecido.
Son cuatro.
Aingeru Irigarai.
Era un médico, el padre de Jose A. Irigarai. Era muy cercano a nosotros. De músicos, los hermanos Irizar, los dos han muerto, uno recientemente. Los dos eran pianistas. Y está Marian Arregi y Fernando Ederra. Amaiur Cajaraville sustituyó a este último.
Nos dejaron también Mikel Laboa, Xabier Lete, Artze Anaiak, Lourdes Iriondo. De ese núcleo eres el único que queda.
También está Irigarai, su hermano también vive.
Pero de los músicos...
Los músicos que considerábamos estelares, ya fallecieron. Marian Arregi me acompañó muchos años.
De toda esa época, no creo que quieras cambiar nada, pero ahora ¿harías las cosas de otra manera?
Sin duda. Soy completamente distinto a cómo era hace 60 años. Soy otro tipo. Las cosas siempre se hacen de manera distinta.
Pero todo lo que conseguísteis ahora queda reflejado en nuestra música.
Eso sí es cierto.
Me decías en la anterior entrevista que si eso ha sido así, que preferías la consecuencia de Ez Dok Amairu al propio grupo. Lográsteis revivir la canción vasca.
Bueno, hay una cosa... Mira, Ez Dok Amairu (nota: a partir de ahora, EDA), no lo digo yo, lo han dicho otros, es un antes y un después; se considera así, como una nueva era. Con EDA coincide que que mucha gente empieza a escribir, se atreve a escribir. Surgen muchos grupos de teatro, de danzas, recopilación del folklore y todo ese tipo de cosas. Es una especie de renacimiento cultural. Eso empieza con EDA y siempre será recordado así. Es un tiempo, una nueva era. Nadie le va a quitar eso. Es un paso hacia adelante.
Y hay que reconocerlo así.
Bueno, yo no tengo mucho interés en que sea reconocido de esa manera, pero quiero decir que eso ya se considera así. EDA siempre va a ser un antes y un después. (...) El comienzo para mí fue un estadio un poco extraño, porque yo venía de Elvis y del pop inglés.
También Donovan.
No, Donovan posterior, pero The Shadows o Cliff Richard me gustaban, entre otros. Mikel Laboa me llamó a los sotanos del viejo Kursaal, allí conocí a un montón de gente. Yo no entendía nada de aquello, no entendía lo que estaba pasando. Pero bueno, al final de la reunión se puso otra fecha para hacer otra reunión en otro lugar, y yo acudía. No sé por qué pero acudía. Y en esa siguiente reunión había menos gente. Ponían otra fecha y acudía, y había todavía menos gente, y así en varias reuniones, era como un filtro. Iba perdiendo gente.
Hasta llegar a un núcleo.
Eso es. Quedamos los que fuimos EDA.
Los ideólogos, se puede decir.
Eso es. Ahí ya yo empiezo a entender algo más, lo que se pretende, y me adapto.
En esa época conociste a Oteiza.
Sí, fue en uno de los primeros festivales que se hicieron, pero de una manera muy informal. Se hacían a las doce del mediodía En el Teatro Amaia de Irun de repente vi a un tipo con barba blanca, con unas gafas colgando, entre las bambalinas. Y estaba haciendo algo. Entonces, como me presentaron como un joven de Orio, me llamó y tal. “Tú eres de Orio?” -me dijo-. “Sí”, “Yo también soy de Orio”, “sí? Y tú quien eres pues?”. “Yo soy Oteiza” -me dijo-. “Oteiza? Oteiza eres tú?”. Porque claro, vivió en Argentina, anduvo por ahí, en Brasil, y luego fue a vivir a Irun con Basterretxea. Nestor y él hicieron una casa en Irun, cerca de la frontera, y en un lado vivía uno y en el otro el otro, vivían prácticamente juntos, en el mismo bloque. Y yo naturalmente no conocía a Jorge. De oídas sí, por supuesto. Posteriormente yo estuve muchas veces con él, tengo muchas anécdotas. Ya había escrito el “quosque tándem” y luego en Orio, no sé si lo terminó ahí, estuvo escribiendo “Ejercicios espirituales en un túnel”. Yo le hacía visitas y encargos. Podía pasar tardes enteras con él.
Hablemos de la nova cançó catalana. Mikel Laboa quiso adaptar ese concepto a Euskal Herria y hacer un planteamiento parecido: el resurgir de la identidad vasca aplastada por el franquismo.
El origen de la llamada que me hizo Laboa era ese. El estaba estudiando Medicina en Barcelona, y allí los estudiantes vascos eran testigos de lo que estaba pasando en la Canción Catalana. (...) Se enteraron de que yo estaba en un concurso en el Bellas Artes de Donostia, organizado por el periódico La Voz de España. Yo salía a menudo en el periódico con letras grandes, como destacado de cada tanda del concurso. Era un concurso que duró tres meses. Domingo tras Domingo.
Y llegaste a la final.
Sí, y en la final me dieron como ganador, pero claro, querían que no hiciera el número que hacía yo, que tenía éxito. Estábamos todos obligados a cantar mínimamente una canción con una orquesta que había allí. Yo tenía que elegir una canción que tuviera más o menos la partitura de piano para poder orquestarlo. Una orquesta pequeña que había allí. Pero yo iba a la Casa Erviti, compraba un tema, a ver qué canciones había para voz y piano. Elegía una y después la entregaba. Lo que pasaba era que me obligaban a cantar una canción con orquesta.
Y tú no les hiciste caso.
En el segundo número hacía un popurrí con los temas que traía desde la relojería (nota: Benito trabajó un tiempo en una relojería y allí aprovechaba para cantar): Elvis, The Shadows y cosas así. Cinco, seis o siete trocitos de canciones. Y ese número salía un poco largo, pero era el que tenía éxito. El jurado era consciente de ello. Entonces, por lo visto, en la final, como había muchos invitados, me vino un tal Vidaurre, que organizaba todo aquello, y me dijo: “Oye mira, has ganado, eres el ganador y además eres el premio revelación, -el premio era grabar un disco en la casa Belter-”, y yo ya cuando me vi ganador me vine arriba y cuando llegó el momento no le hice caso, se cabreó y me dijeron: “Menuda has hecho” y “han venido a pedir que te echemos el telón”. Y efectivamente, me quitaron el Premio Revelación y me dieron el segundo premio.
Pero no te arrepientes de haberlo hecho.
No, es una anécdota. Y como mi nombre aparecía como “un joven oriotarra se perfila como gran candidato al concurso, con la peculiaridad de que canta en vascuence”. Laboa y compañía leyeron eso. Por lo visto, Lourdes Iriondo ya cantaba en público, en algunas reuniones, en euskera. Nos invitaron a todos los que cantábamos en euskera, sin haber pretendido nada, simplemente cantábamos en euskera, que tenían unos muestrarios para poder hacer unas reuniones y ver qué posibilidades había. Después surgió Oskarbi, que cantaban canción tradicional en euskera.
Estaban en la órbita, o en paralelo, de EDA.
Sí, al principio EDA era una cosa, a medida que iba pasando el tiempo y en reuniones diferentes y demás, estábamos dando pasos. Cada vez menos. Son ya sesenta años, algunos detalles los he olvidado.
¿Puede ser que las diferencias no fueran tan importantes?
Influyó la edad que teníamos, estábamos aprendiendo a andar, circunstancias del País... Naturalmente, de pronto estamos irradiando cierta importancia sociológica en. Todo eso tiene una carga política y hay ideologías fragmentadas por todos lados. Unos tiran para un lado, otros tiran para otro. Surgen cosas, situaciones, que si no sabes interpretarlas bien, surgen los conflictos personales. Y vamos a dejarlo ahí. Algo así ocurrió, y nos llevó a la ruptura. Y una vez que se rompió, lo he comentado antes: aquello para mí raro al comienzo, pero luego ya yo estaba muy habituado, para mí todo aquello era una especie de familia, y yo me sentía muy a gusto en ese contexto. De pronto aquello se rompe, hay un divorcio y de pronto te ves otra vez solo. ¿Ahora, esto como se hace? Y empiezas a tirar de aquí y de allí. Mi refugio fue el grupo Argia con Juan Antonio Urbeltz y demás y todo lo que estaban haciendo, que era fantástico. Entonces dije: “tengo que empezar a cantar, tengo unas canciones, y necesito rodearme de músicos”. Entonces empecé con Marian Arregi, que era una maestra con el acordeón, y un flautista que había por allí, que era txistulari también... luego me hice con un violinista que actuaba de vez en cuando con Argia, más tarde vino un guitarrista clásico, Pello Gereño. Y así caminamos unos cuantos años.
De ahí salió tu segundo disco, “Oro laino mehe batek”, porque el primero es más bien una recopilación de E.P.’s y singles coetáneos a la época de EDA.
Sí, además “Oro laino mehe batek” recoge también algunas canciones de aquellos primitivos singles.
Ha envejecido muy bien ese disco.
Muchos me dicen lo mismo. Y con ese disco, grabé a la vez “Eta maita herria, üken dezadan plazera” con canciones tradicionales: “Atharratzeko gazteluko kantua”, “Maria solt ta kastero”... y todas esas.
Pero se publicó al año siguiente, en 1975.
Eso es, pero se grabaron a la vez. Y en vez de sacarlos a la vez, dosificamos la publicación.
¡Casi otro disco doble!
Pues sí, eso podría haber sido un disco doble, pero como eran distintos entre sí, se apartó un poco para dosificar su salida al mercado. El segundo es también un disco muy bonito, precioso, con canciones tradicionales,: “Atharratze”, “Jaun baruak”...
Esas canciones, que estaban casi perdidas, las recuperaste tú.
En Zuberoa no conocían esas dos canciones. La primera vez que fui, en aquellos quince días que pasé allí, conocí a varios cantantes de pastorales, que allí eran conocidos, y estuvimos cantando un par de horas en una sala, Hostal Toiriste de Ligi. Y yo, entre otras cosas, canté esas dos y se quedaron todos perplejos. “¿Qué canciones son estas?”. Porque claro, eran en dialecto zuberotarra, pero sin embargo no conocían esas canciones.
¿Dónde las descubriste?
En cancioneros. En el de Resurrección Mª de Azkue había una versión de esa canción, en el de Salaberri había otra. Esas canciones las saqué de esos libros. Pentagrama y texto.
Por ejemplo, a “Atharratze” le das un chute de energía tremendo. La original no era así.
No, ni mucho menos. No sabemos como era la original. “Maria solt ta kastero” sí, y ahí ya empezaron las críticas porque yo conocía esa versión que hacían allí, una versión muy lenta y solemne. Para mí, sin embargo, el contenido de la letra (la canción es de Pierre Topet ‘Etxahun’) no se relacionaba bien con la manera de cantar ni con la melodía.
A esa canción también le metiste un ritmo tremendo.
Exactamente, y es lo que realmente pegó, se hizo muy pegadiza y muy atractiva para la gente, incluso en Zuberoa. Algunos me criticaban porque estaba rompiendo, estaba jodiendo toda la canción tradicional zuberotarra. Y precisamente ese disco creó la tentación de hacer peregrinajes a Zuberoa. Ese disco condujo a mucha gente de Bizkaia, de Araba, de Gipuzkoa a conocer Zuberoa. Y luego vino el “Zuberoa/Askatasunen semeei”. Me dí cuenta que había dos discos y había que darle un matiz diferente a uno respecto al otro, con dos títulos. Eran discos muy distintos.
(...) Volviendo a la actualidad, te has retirado de los escenarios, pero sigues viviendo la música como el primer día.
Sí, de la música uno no se divorcia nunca. ¿Como voy a quitar la música de mi vida?
¿Tienes alguna canción sin terminar o inédita?
No. He estado revisando alguna canción que en su día no me gustaba como quedó, “Mirotzak” por ejemplo. Hay una versión nueva, no la canción entera pero sí parte de ella. Y hago ese tipo de cosas.
Olatz también hizo una versión de esa canción.
Con Gratxina, nuestra hija. Para hacer canciones uno tiene que estar en modo canción, y ese modo no lo contemplo ahora ni remotamente. Es una época que ha pasado, son sesenta años que he estado haciendo eso. Ahora yo no estoy en modo canción. Eso significa tener la necesidad de hacer canciones, y ahora no la tengo.
¿Te sientes ahora como alguien que se ha jubilado?
Yo no sé como se siente uno jubilado, aunque yo lo esté.
¿Notas más calma ahora?
Yo ahora noto que por ejemplo los tiempos, por lo que sea, suelen pasar. Son sesenta años que he estado en eso. Eso requiere también tener y sentir una obligación natural de que tienes que hacer canciones. Tienes que ir teniendo unos proyectos nuevos. Es una tensión con una cierta carga neurótica, mezclado con las vanidades y con tu ego. Es un mundo un poco turbulento el de la creación. Estás obligado a ello, tienes un compromiso histórico y al público tienes que darle unas novedades de tiempo en tiempo.
El escaparate que mencionabas en la canción “Formak” de 1987.
Exactamente. Bueno, el escaparate es una especie de... cómo te sientes tú en este lado. Y el público está ahí y tu aquí. Estás en un escaparate, te ven todos y tienes que estar siempre muy bien, presentable, si no el público desaparece y todo ese tipo de cosas, y es una lucha contínua. Y yo creo que... Yo, Mira... hay una cosa que me está pasando ahora. Como no tengo ningún disco que haya terminado a gusto en el estudio, de estar neuróticaente repitiendo y repitiendo tomas, tratando de corregir cosas etc. No teniendo la sensación de que lo he conseguido y hay que dar por terminado el disco, y cuando sale el disco te vas a casa. Yo he cortado con casi todos los discos, y no he querido escuchar más esas canciones, hasta el punto de que hasta me he olvidado de muchas de ellas. Y ahora, con distancia, escucho esas canciones y...
¿Qué te sugieren desde el presente? ¿Estás contento con ellas?
Muchas canciones me emocionan ahora. Pero es que yo necesitaba esa distancia. Quiero liberarme de eso... no sé lo que buscaba, esa neurosis mía, no sé lo que era, y entonces yo tenía que salir de ahí, y ahora lo veo desde fuera. Entonces, con esa distancia, siento como si no fueran mías las canciones, las observo y me emociono con muchas de ellas. No están perfectas.
¿Por ejemplo?
Pues mira, ¿qué quieres que te diga? Hace poco he estado oyendo “Hunkidura kuttunak II”, luego he empezado a escuchar “Hunkidura kuttunak I” (nota: dos discos dobles en los que regrabó una gran cantidad de sus canciones en 1993 y 1994), y todas las canciones recopiladas que tengo de otros discos.
En esos dos discos dobles que mencionas, quisiste dar otra forma a tus canciones de siempre.
Sí, porque para mí todas las canciones mías no están bien acabadas. El disco que mejor está acabado es el último, que lo he mezclado yo (se refiere al doble en directo). Es el que mejor suena, y con eso no me canso, puedo escuchar eso contínuamente toda la vida. Pero con otros discos no me ha pasado eso. Cuando ha pasado el tiempo y cuando me he liberado de toda esa historia... ahora me viene como si fuera algo ajeno, y escuchando los temas con esta distancia me emociono con un montón de cosas y con un montón de canciones. Ni te cuento con el final de “Itzaltzuko Bardoa”.
“Txori kanta zale ederra”.
Con eso me derrito, y con momentos de “Altabizkarko kantua”, incluso con otras canciones épicas que hay, como “Muñagorri” y de esa hornada. Esas canciones, baladas y demás, muy repetitivas, como en el medievo... tienen una atmósfera especial. Ahora le encuentro una originalidad y comprendo que hayan gustado, porque hasta hace poco no lo comprendía .
Durante muchos años no quisiste grabar en directo, pero ya tienes tres en tu trayectoria. ¿Alguna vez has pensado que cambiarías algo, algún detalle o forma?
Siempre cambiaría algo. “Ahuen sinfonikoa” tienes cosas, por ejemplo “Bizkaia maite” es la que mejor está. Ese clímax. No tengo ninguna versión que me guste. Me parecen muy aceleradas, que no reflejan demasiado bien lo que debería ser la canción. Pero claro, no he sabido por ejemplo acertar en el tiempo, en la respiración, y sin embargo en versión orquestal, como primero se grabó con orquesta e hicieron la versión que a ellos les salió, yo me tuve que adaptar. Y al adaptarme a ese tempo que le da la orquesta, ahora al escucharla noto que le va a la canción.
Había otra muy épica en ese disco.
“Oi Zuberoa”.
¿Con esa canción te quedaste a gusto?
Bueno, yo veo imperfecciones en mi trabajo, pero claro, luego cuando me libero de esas vergüenzas que yo siento y oigo, me parecen preciosas y me emocionan, como me pasa ahora con muchas canciones. Yo no quería escucharlas, pero ahora sí lo hago y tienen su encanto.
Es bonito que ahora eches la vista atrás y veas de manera positiva tu trabajo.
Exactamente. Yo tenía que romper la enemistad que tenía con mis canciones. Tenía que romper con eso, acercarme y decir. “Mira, está bien, os quiero”. Decirles ‘os quiero’.
Son tus hijos.
Eso es. He aprendido a vivir amistosamente con ellos. Y además siento que esas cosas con las que he sido crítico son capaces de emocionarme, y ahora sí, entiendo a la gente.
Dentro de unos años quizás nos sorprendas con alguna canción nueva.
No lo sé, yo vivo en presente y del futuro no sé nada. El pasado es recuerdo, tenemos un saco que es memoria.
El futuro, ¿es un cálculo que hacemos desde el presente?
Un sabio dijo una vez que la memoria fue creada para advertir el peligro. Entre otras cosas es útil también para nuestras rutinas y nuestra agenda. Yo hoy he venido aquí gracias a la memoria. Tengo que desarrollar mi trabajo, tengo que cumplir con las cosas, con las citas. Tengo que cumplir con las cosas, tienen un proceso, y eso supone un tiempo. Ahí aparece el tiempo, no hay memoria. Pero luego está el presente, que es morir de instante en instante. Si me preguntan a mí qué es vivir, vivir es morir de instante en instante, porque no vives si no mueres. La vida y la muerte son una misma cosa, o llámale si quieres dos caras de la misma moneda. Pero probablemente ni eso: es una misma cosa.
Por eso, ¿estamos muriendo constantemente?
Estamos muriendo constantemente. Tú naciste así, pequeñito, ¿verdad? Y has ido creciendo, porque has ido muriendo. Muriendo y naciendo, muriendo y creciendo. Tienes que deshacerte de muchas cosas para ir para arriba.
Desaprender.
Desaprender es, entre otras cosas... si viene el estancamiento doctrinal a la mente, si tú por ejemplo te acomodas. “Bueno, yo creo en esto”. Si no estás viendo en ese creer un aparcamiento, donde tú aparcas ahí tu atención, tu observación, tus criterios, pues nada, ya tienes creencia y vas de la mano de otros, es decir, adonde otros te quieren llevar. Tú no mandas contigo. Ahora, si tú dices “cuidado, aparcamiento no.” Que mi mente tenga su reflexión, su visión y su absoluta libertad para ver la naturaleza de las cosas. Si no sabemos ver eso, nunca entenderemos nada. ¡Nada! Es imposible entender nada sin ver por dónde hacen el camino las cosas que nosotros utilizamos. Conceptos que utilizamos. En eso que llamamos felicidad intervienen factores como la vanidad y el ego. Está bien hacer feliz a alguien, estimularle, decir que es maravilloso... Pero cuidado, va a otra esquina y otro dice lo contrario. Y te derrumbas. Y la caída es mucho más grande, más profunda. La felicidad actúa un poco de esta manera. No es felicidad la solución. Es serenidad. Una visión clara de las cosas. Si uno no sabe ver que tiene un ego que le está exigiendo contínuamente estímulos y vive al servicio de ese ego, va a ser un vasallo de él. Vivirá pendiente de lo que otros le digan. Con todo ese tipo de cosas, si nos acostumbramos a verlas como valor, porque de alguna manera nos pone alegres, uno tiene que saber cuánto dura esa alegría; si es inagotable o no. La cuestión es que la sabiduría está en la serenidad.
Si no tienes esa serenidad, por circunstancias o lo que sea. ¿Como enderezas esa situación?
No hay líneas maestras escritas, eso no te lo va a enseñar nadie; tienes que verlo tú. El potencial máximo eres tú. La grandeza es que uno está perfectamente equipado para que las cosas se hagan de una manera u otra. Hay una cosa que se llama alienación. Si una mente está alienada, está hecha de cosas de otros y demás, y está dirigida por no sé qué doctrinas, convicciones, modelos o lo que llaman valores, pues naturalmente andará como una hoja al viento, andará según por dónde sopla. Si uno dice: “no, yo no tengo límites, voy a verlo yo”, y esa cosa inmensa que llaman eternidad, es este instante que tengo. Y cuando pasa ese instante es otro instante. Es el presente, es el estar, no se puede medir. No tiene medidas, no tiene dimensiones, ni tiene tiempo. Es ahora. Pero claro, el que sabe ver ese ahora es porque se ha liberado de cosas que le impiden estar en ese ahora. Yo hoy he tenido una cita contigo. Eso no impide decir “no, es que la hora no existe, es un cuento”. No, es un trabajo que hago contigo, un trabajo que tengo por ahí. Mañana tengo otro trabajo, luego tengo otra cosa, pero anímicamente, mental y emocionalmente, cómo estoy hecho... eso eres tú, la obra eres tú. Si eres obra de algún otro, mal. La grandeza precisamente, lo inconmesurable, lo que es infinito, es que tú hayas comprendido lo que es ser el ser humano que eres. Y esa comprensión te va a llevar siempre. No está bien dicho, no te va a llevar, aparecen dos: el que te va a llevar y tú. No. Es mentira. No hay división. Siempre es uno, dos no existen, dos es mentira. En esa última canción (del disco) digo que nada es lo mismo, o mejor dicho: digo que “nada es igual y todo es lo mismo”. En esa canción digo: “ez nabil ezeren bila. Ezer ez zela ohartu bainitzen, ezer ez dela berdin, bai dena gauza bera”. Y eso, por ejemplo, es mucho más denso tal y como está, que un texto de una hora. Mucha verborrea, muchas palabras y demás. Ahí lo digo, digo justamente lo que no se puede modificar. No, no me vas a contradecir, eso es así. Nada es igual, todo es diferente, pero es lo mismo, dentro de uno mismo. Mi uña y mi pelo no son iguales, pero es lo mismo. Soy yo. Es uno. ¡Y nadie es igual a otro! El ojo y la nariz no son iguales. Y los médicos tienen que ser especialistas para una cosa y para otra, porque son diferentes, pero son una misma cosa. Si el cuerpo, la unidad, está muerta, todo está muerto.
Tu filosofía, tu espiritualidad, no tienen que ver con la religión.
No, el espiritualismo no es religioso. Cuidado, no, dicho mal. Nada que tenga que ver con la creencia es religioso, pero la espiritualidad sí es religiosa. Religare es ligado con todo, es la unidad total, pero las creencias no son unidad, son separación.
Las creencias organizadas.
Exactamente. Las creencias siempre se organizan.
Siempre con un objetivo.
Exactamente. Uno, para crear su industria. Quiero decir que si a la espiritualidad la pones al lado de una industria, que por ejemplo puede ser la iglesia católica, lo matas. Matas la espiritualidad. Se acabó.
Se convierte en un negocio.
Exactamente. Un negocio, una trampa, una guerra, unos intereses que surgen a través de eso. Lo doctrinal basado en creencia es un producto que se vende. Se vende porque primero se aliena a la mente para que luego sea comprador, sea el que va a utilizar eso. Va a ser un consumidor. La fe y la doctrina necesitan consumidores, porque eso es lo que les da el poder.
Todo esto se refleja en el libro de conversaciones que mantuvieron contigo sacaron Mikel Markez y Pako Aristi (“Plazer bat izan duk, Benito!” Elkar 2012). Cambiaste un poco la estructura del libro. Aún así, el trabajo es muy especial y es algo que probablemente no se ha hecho aquí nunca.
No. Probablemente no.
Te quedaste contento con el libro, ¿no? Refleja bastante tu manera de pensar.
Sí, se aproxima a mi manera de pensar. Ahora yo diría las cosas de otra manera, buscaría otro modo... más o menos la manera en que te estoy diciendo a tí.
¿Podría haber algún otro libro alguna vez?
No lo sé, ¿hecho por mí?
Hecho por tí o en ese formato.
Yo, mira, ¿Sabes qué pasa? Que lo que yo puedo decir se puede interpretar de la misma forma que se ha hecho siempre, se puede convertir en creencia. Todo esto que estoy diciendo aquí, puede convertirse, si no estás atento, en creencia. Decir “me voy a valer de estos argumentos” para ir conquistando esto, lo otro, y lo demás. Al final se convierte en método religioso, en creencia, en una mística, en una secta. Yo no soy. Yo soy... mira, lo único que quiero transmitir es que lo único que te puede salvar es la libertad. Libertad en todos los sentidos. Libertad es lo más profundo que hay. Cuando digo libertad no es solamente que me he liberado de una cadena que estaba contra la pared, se trata de liberar la mente. La mente cuando está libre es inmensa, es total. Absoluto. Ahí no hay tiempo, no hay edad, no hay nada.
¿Es posible esa libertad?
Depende. Yo, yo me siento libre de todo ese tipo de cosas.
No es poco.
Todo tipo de creencia o de fantasía y ese tipo de cosas son para mí como un mal ejercicio, una mala gimnasia que te produce lesiones. Tú vas al gimnasio, te han dicho que es muy bueno hacer gimnasia, pero no sabes hacerlo, así que te produces una lesión y tienes que ir al médico. Eso mismo pasa con la espiritualidad, con la mente. La mente no hay que distorsionarla... “no, te has equivocado, este es el valor que hay que cultivar”. No, no, haz lo que quieras con tu valor, que yo ya sé dónde estoy. Tienes que desmitificar todo lo que te rodea.

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