Su Ta Gar. Especial 35 años "Jaiotze basatia" Parte II
¿En qué momento se interesó Kaki por el Heavy Metal? “El heavy es una de las raíces mas potentes del rock. Lo ha impregnado todo y nos influenció desde el principio, casi diría que involuntariamente. Aunque no nos hiciera mucha gracia, en los bares, discotecas y txoznas bebimos del metal en cualquiera de sus variantes desde adolescentes. Led Zeppelin, Deep Purple, Uriah Heep, Judas Priest, Black Sabbath, Metallica…. con decirte que en las vueltas a casa de los bolos de Kortatu era obligatorio poner a tope AC/DC ya te puedes imaginar”… Marzo de 1991. Kaki ya estaba desde el año anterior en Negu Gorriak, es decir, desde el principio. El año 91 fue para él de frenética actividad. ¿De dónde sacó tiempo para producir estos dos álbumes? “Es una pregunta que me he hecho a mí mismo muchas veces, no te creas. Porque igualmente hice la demo de Estigia “Fuerza de seguridad”, el primero de S.A.,el “Hiru aeroplano” de Delirium Tremens, el “Gor· de M-ak, “Gure jarrera” de Negu Gorriak, el primero de Txarrena con El Drogas… no sé cómo me daba la vida. Fue una época muy brillante. En el 91 fundamos Esan Ozenki Records y creo recordar que fueron diez sellos en total los que nacieron ese mismo año”.
Sobre el grupo, Kaki subraya que “En origen es la clásica formula de la banda que surge de manera natural, casi fortuita, entre amigos de cuadrilla que resulta contener una formación increíble con un batería brutal como Borxa, un crack como Aitor y un guitarra como Xabi, también componente necesario como cerebro en la sombra y Osoro, el elemento integrador, siempre dispuesto a todo, que hacía que todo el trabajo fuera sobre ruedas. El primer disco fue toda una declaración de intenciones que rompió todas las expectativas. Un bombazo. Quién iba siquiera imaginar entonces que un grupo metal fuese a petarla de aquella manera combinando la explosión musical de aquel nuevo heavy que abarcaba desde Iron Maiden a Metallica unido al compromiso de la temática social del momento”.
Jon Zabala: “Es que, joder, hasta yo estaba ilusionado de que aquellos chavales fueran a grabar un disco. Piensa que en aquellos años no era tan fácil entrar en un estudio. Hoy en día, con la tecnología que hay, uno mismo se puede grabar en casa, pero en aquella época era otra cosa. Yo, la verdad es que estaba súper orgulloso de ellos. Y lo sigo estando”. Jon tiene claro que “sin Su Ta Gar la escena sería otra. Todos los que vinimos por detrás nos encontramos el camino despejado gracias a ellos y los grupos que hacen jebi en euskera estoy convencido que casi todos te dirán que Suta ha sido y es una referencia para ellos”.
Como hemos comentado antes, Su Ta Gar había participado en el álbum de homenaje al cantautor Mikel Laboa, “Txerokee”, con nada menos que con “Haika mutil”. La cara B fue “Diruaren esklabu”, un tema correcto pero inferior al contenido del LP, que era un hit tras otro. Ambos temas se incluyeron en posteriores reediciones del disco, aunque la edición original incluía solo diez temas. Pasemos a analizar el disco tema a tema.
EL DISCO
Vayamos antes con las cuestiones técnicas, equipo, estudio etc. Kaki: “Grabamos en la Amek de IZ con el Otari MTR 90 de cinta 24 pistas. Recuerdo que llegué a colocar hasta veinte micrófonos en la batería nueva de Borxa, creo que una Sonor Signature de doble bombo y cinco timbales. Siempre me he preguntado como logré grabar todos estos micros y tener a la vez pistas para el bajo, las guitarras y las voces. Supongo que inventé algún modo de sumar premezclando varias micros a una misma pista pero no logro recordar el modo. Creo que grabamos muy a primeros del 91. Matxitxa seguro que lo sabe. Invertiríamos entre tres y cuatro semanas entre grabación y mezcla. Se usaron los míticos Marshall JCM de 4 agujeros tipo Plexy y creo que teníamos PL20 dinámicos y Bruel de condensador de microfonía para las guitarras. La voz se grabó con un Neumann U87”.
Tema a tema
1.- Begira El disco empieza con un trallazo de corte primitivo e inocente, pero corta como las demás y es un festival de riffs de guitarra de lo más martilleante. Las melodías guitarrísticas entre Aitor y Xabi Bastida ya se empiezan a notar de manera notable. Es una de las tres canciones en las que metió coros el Elgoibartarra Jon Zabala, de Napalm y Ehun Kilo, quien, como hemos señalado, participó como invitado en tres temas. Sus intervenciones arrasan de manera fulminante. Una gozada para los sentidos.
2.- Sistematik ihes Aitor Gorosabel también se las ingeniaba para desarrollar su poderosa voz, a la vez que nos deleitaba con solos vertiginosos. La maquinaria está que echa humo en una concatenación de pequeñas pausas con arranques arrebatadores que lo dominan todo desde lo alto de una colina imaginaria. Las guitarras dobladas de la parte final constituyen otro signo de identidad del cuadro eibarrés.
3.- Mari El primer gran clásico de su carrera, con permiso de las incendiarias maquetas (de las que este tema fue parte, no lo olvidemos) y del “Haika Mutil”. Todo en esta canción nos transporta a terrenos épicos: la entrada instrumental, la explosión inmimente, el doble bombo de Borxa Arrillaga arrasando con todo, el solo de guitarra absolutamente do it yourself de Aitor y el estallido final. Imprescindible en todos sus conciertos.
4.- David eta Goliath Otro gran, gran clásico: pocas pegas se le puede poner a semejante pelotazo: solos trepidantes y melódicos, líneas de guitarra especialmente inspiradas, las seis cuerdas de Aitor punteando a toda velocidad, base rítmica arrasadora y parte final de puro clímax.
Por si esto fuera poco, los agudos del bajista Asier Osoro, muy presentes en todo el disco, suenan a gloria y perduran en el tiempo como la primera vez que se escucharon.
5.- Jaiotze basatia ¡Seis minutos y medio de lucimiento instrumental! Entrada acústica de corte bucólico de un minuto y medio que empieza a crecer de manera exponencial hasta estallar en una carrera de riffs y porrazos de batería absolutamente adictivos. Antes de los tres minutos empieza la orgía guitarrística y la velocidad absolutamente Thrash Metal (como en muchas partes del disco), dobles guitarras hermanadas y punteo afilado de Aitor para uno de los mejores instrumentales de la historia del rock vasco.
6.- Zure atzetik La velocidad vuelve a ser protagonista en un disco ya de por sí bien movidito. La voz de Aitor se siente muy juvenil, pero transmite especialmente, además del de Jon Zabala, absolutamente explosivo también en este tema. Se trata de un corte notable y especialmente estimulante.
7.- Oinazearen indarra Original juego de guitarras, una vez más, para un tema que quizás ha quedado en segundo plano entre tanto clásico. Sin embargo, es un trallazo más en este discazo de debut. Las dos capas de guitarra, tan independientes como complementarias, son una absoluta maravilla, además de una gran cantidad de riffs que se te clavan en el cerebro. La batería está totalmente al servicio de la canción y se nota más simple pero igualmente contundente.
8.- Zure aurrean makurtzen naiz Un tema de corte baladístico, en cierta manera pausado, al menos en sus primeros compases. Cinco minutos de inspiración absolutamente libre e imperecedera. El tema, con coros de Jon, está dedicado a la noche, lo cual le da una originalidad a tener en cuenta. La explosión guitarrera prevalece en los últimos dos minutos para firmar una canción mítica y especialmente querida para muchos seguidores. Va a ser impresionante escucharlo en los directos de este 35º aniversario.
9.- Etsi gabe Hay temas que, solo aparentemente, quedan en un segundo plano en un disco de este nivel. “Etsi gabe” podría ser una de ellas. De corta duración, lo cierto es que no pierde el tiempo en zarandajas: empieza con tralla y arrasa en sus dos minutos y medio sin más circunloquios que guitarras y bajo pesados y una batería que vuelve a pisar bombos por doquier. El fiestón de riffs es apabullante, igual que la velocidad del tema. Asier Osoro, que demuestra una capacidad brutal ya desde las maquetas y todo el tiempo que estuvo en Su Ta Gar (nada menos que dos décadas), se luce en los coros.
10.- Jo Ta Ke Y llegamos al último tema de la edición original: junto con Mari, un clásico incontestable en la trayectoria del cuarteto. Las simples guitarras se van enriqueciendo en originalidad y contundencia, con un estribillo que crea fans para toda la vida. Instrumentalmente complejo, con coros rabiosos de Asier, profuso en detalles y riffs a punta-pala, es absolutamente imprescindible en todos los directos que han dado en su trayectoria. Un himno imperecedero e inmortal para un disco de diez.
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